Rápidos o lentos, cada reloj de arena despliega su propio tiempo, forma y tamaño, en paralelo a nuestros tiempos internos. Creo que nuestros tiempos vitales, representan la identidad personal con más sinceridad que ningún símbolo adquirido o impuesto. Y que lo pequeño y lo interno nos define y significa con más acierto, que cualquier emblema surgido de intereses externos mayores que los nuestros.

El dispositivo de servomotores está programado para que cada reloj trasiegue su arena cuando le corresponde, unos a los dos minutos, otros a los tres, cinco, siete, diez, quince...distintos como el tiempo que cada niño se toma en hacer cualquier cosa hasta que le disciplinan.